jueves, 20 de julio de 2017

Encontré un poema de hace años dedicado a un artista nómada

Se me enroscan los recuerdos en los pies, 
los que querían caminar contigo... 
el viajero enigmático por su propia decisión.
Qué las nubes no dejen de coronarte en cada atajo. 

Quería besar tus pasos, pero ambos huímos... 
viajemos cada quién por su lado, llorando a trechos.... 
pero sin parar, dejando sólo el sonido de las pisadas. . 

viernes, 23 de junio de 2017

EL AMOR DESPUÉS DEL FEMINISMO (O NO ME ARREPIENTO DE NADA)

"Me decepcionaste" dijo.... y mi mente voló a otros tiempos, otro rostro, otro amor que me decía "Me decepcionaste" cada que yo no hacía lo que él esperaba que hiciera. 

Y entonces, sólo entonces noté las similitudes... en niveles muy diferentes, pero el fondo era eso: "me decepcionas por no ser la mujer que quiero (perfecta, sumisa, etc.) y por no serlo te voy a castigar, para que aprendas a ser lo que yo quiero que seas." 


Los castigos fueron diferentes: el de antaño era una persona explosiva, el de ahora es una persona muy sutil... Lo siento yo ya no permito violencia sobre mi persona, ni siquiera la más sutil... ve a corregir a alguien más. Sigue esperando a esa persona perfecta, quizá exista. 

Lo sabía, siempre lo supe, nuestras diferencias no las ocasionaría mi ateísmo y tus creencias, las ocasionaría nuestra forma tan diferente de ver las cuestiones de género. 

Sé feliz.

lunes, 19 de junio de 2017

CISMÁTICOS

Sus corales níveos me encandilan,
yo bajo la mirada acobardada,
después él los esconde, recuperando la postura,
sólo entonces puedo mirar sin timidez,
y volver a fingir serenidad y calma.

Él transita bajo algodones oscuros, livianos y volátiles,
todo es pequeño, pero descomunal en morbidez.
No sé si lo nota, si lo sabe, si puede ver el velo matizado que lo cubre todo:
la acera, las puertas, los pasos y golpeteo de las calles trovadoras.
Pero camina, siempre pasa… con un objetivo brillante en el semblante.

Invariablemente yo vuelvo, escucho, sonrío e imagino…
Me emocionan sus designios,
porque hace demasiadas lluvias
que extravié los míos.

Resoluciones contrapuestas:
Yo sólo pediría el presente
y esos arrecifes luminosos
en mi anochecido cielo.

La piel la tengo de mariposa:
metamorfosis inestable, alas prestas y colores variables.
Él tiene la epidermis de hierro: fuerte, inquebrantable y perdurable.

Mi exoticidad le divierte, pero no le apetece.
Sus pasos son de acero:
Nunca se han visto mariposas revolotear sobre un guerrero.

miércoles, 31 de mayo de 2017

RESIDENCIA PARA SEÑORITAS



Viví en este internado cristiano para señoritas durante cuatro años, la mayoría de las chicas eran de Preparatoria, pero había una docena de universidad que vinieron a dar aquí porque la Residencia Universitaria estaba a tope, entre esas universitarias que se quedaron sin cuarto en el edificio que les correspondía, me encontraba yo. Sigo pensando que ese hecho fue la razón de sentirme, hasta la fecha, cuatro años menor y de haber tardado tanto en madurar.

El edificio sigue siendo realmente tétrico y estoy segura que cualquier buen director de fotografía lo elegiría para una gran obra de horror, sin embargo no lograría convencer a la Institución de rentarlo para esos fines. Tiene techos altísimos, pasillos oscuros, losetas que se mueven y hacen ruido al pisar sobre ellas y un baño de los 70s que no había sido remodelado desde entonces.

¿Pasaban cosas extrañas? Bueno, eso contaban, a mí personalmente me tocó ver muchas veces como se caía una maceta de plástico frente a mis ojos justo cuando yo daba la vuelta en el pasillo y estaba a 10 pasos de ella. Pero yo soy racional, una virtud y un defecto, así que levanté la maceta todas las veces que ocurrió y adjudiqué el incidente al viento. No reparé entonces en que eso ocurría exactamente cuando yo daba la vuelta al pasillo y justo a la misma distancia, hasta ahora voy cayendo en cuenta, pero sigo pensando que debe haber una explicación lógica que en este momento no me da la gana pensar.

Como dije, los pasillos son tenebrosos y por la altura de los techos el eco es excesivo. Fue esa la razón por la que no pude dormir bien durante esos cuatro años, todos los pasos, gritos, zafarranchos, y anuncios por los altavoces se amplifican con ese eco exagerado y me impedían tomar siestas y dormir bien. Tantos desvelos cobraron factura en mi salud y hasta la fecha soy  una persona con trastornos de sueño y que no puede soportar ninguna desvelada.

En una ocasión, una chica tuvo una gran idea: consiguió una bocina enorme y la conectó a su computadora, a las 4 de la mañana subió todo el volumen y el dormitorio entero retumbó con una horrible canción de death metal. La crisis colectiva llenó todas las habitaciones, no olviden que este es un internado cristiano, el 70% de las residentes creía que un demonio estaba hablado y gritaban, lloraban y oraban angustiosamente. Yo sólo maldecía a la chistosita, tenía examen a las 7 de la mañana y apenas hacía una hora había logrado dormirme. La bromista estaba tirada en el piso riendo a carcajadas junto a la bocina y la computadora, ni siquiera intentó negar lo que había hecho y el resto del curso escolar estuvo castigada sirviendo comida en el comedor, yo me cuidaba muy bien de no comer nada que ella hubiera servido.

La rutina del internado era demasiado dura y estresante como para preocuparme por cosas sobrenaturales, pero ahora, después de tantos años, recuerdo haber visto cosas extrañas, seguramente con una interpretación coherente, pero extrañas al fin.

Los cuartos tienen closets de unos tres metros de altura, es imposible llegar a la parte de arriba sin una escalera, cuando regresábamos de vacaciones el personal nos proporcionaba esa escalera para subir nuestras maletas vacías y al finalizar el curso para bajarlas. Sin embargo el techo de nuestro closet tenía manchas de humo, como si en otras épocas hubieran puesto, velas, veladoras o alguna lámpara de querosén. Las chicas que habían estado en años pasados contaban que una residente hacía ritos extraños ahí en la noche, que sus compañeras de cuarto empezaron a dormir en otras habitaciones con sus amigas pero no dijeron nada a la dirección por miedo. En una ocasión se oyeron carcajadas en los pasillos aumentadas por el sempiterno eco, todo el personal se puso en acción, encendieron las luces y descubrieron a la chica trepada en la parte de arriba del closet, dicen que no parecía humana, que parecía un perro rabioso, babeaba y hacía ruidos extraños, miraba salvajemente desde las alturas y tuvieron que llamar a muchas personas para bajarla de ahí, estuvo sedada en el Hospital de la Institución hasta que sus padres vinieron por ella. Yo no me acordaba de ese relato hasta que tenía que subir mis maletas cuando empezaba el curso y cuando tenía que bajarlas al salir de vacaciones. Desde entonces no había vuelto a pensar en eso hasta hoy.

Constantemente había crisis nerviosas entre las muchachas, era común que a los pocos meses de haber empezado el curso alguien comenzara a gritar o llorar en las noches. La estancia en este lugar, lejos de nuestros padres y con reglas tan estrictas era un combo que nos hacía estar de mal humor y con muchos problemas emocionales a todas. Yo misma recuerdo esa época como la más difícil de mi vida, pero nunca pasé por una crisis así. A las chicas las llevaban al hospital de la Institución y sus padres iban por ellas al poco tiempo. La historia siempre era la misma: cuando todas estaban acostadas una de ellas empezaba a chillar de miedo, sus compañeras trataban de ayudarla pero no había manera de que ella las escuchara. Personalmente yo creía que era una estratagema para irse del lugar, yo misma la habría puesto en práctica, pero estaba totalmente segura de que mis padres no me creerían, así que no valía la pena intentarlo. Sin embargo tuve la oportunidad de ver a una de esas chicas, era del cuarto de enfrente, cuando comenzaron los llantos y gritos, todas corrimos a la recámara donde se oían los ruidos: La chica estaba enajenada, lloraba sin parar en el rincón de su litera, manoteaba y se mecía mientras gritaba que la ayudáramos. Pronto la directora estaba con nosotras y en 15 minutos llegó la camilla con los enfermeros, cuando se la llevaron seguía gritando “Ayúdenme”.

Es cierto que todas procurábamos no ir solas al baño en la noche, cuando llegué a hacerlo me pareció haber escuchado tras de mí el sonido de pasos sobre de las losetas despegadas. El “clack” de las losetas despegadas era un sonido fuerte al que nos habíamos acostumbrado, pero no es nada agradable ir escuchando un segundo “clack” detrás de ti a las 2 de la mañana en un pasillo largo y oscuro. Sin embargo siempre lo atribuí a las historias que contaban. Era lógico que si casi todos los días te decían que algo se “oía” y “sentía” detrás de ti cuando andabas en los pasillos de noche, terminara “sintiéndolo” y “escuchándolo”. Por si las dudas, adopté la costumbre de todas: despertar a una compañera de cuarto para que me acompañara y pagarle el mismo favor cuando ella lo requiriera. Seguíamos creyendo que oíamos ruido de pasos detrás de nosotras y la atmósfera “pesada” se seguían sintiendo, pero todo es más fácil de hacer si se está acompañada.

Terminé mis estudios y me fui. Tardé más de una década en hacer algo bueno con mi vida, como dije, me sigo sintiendo como si tuviera cuatro años menos. Y ahora estoy aquí, vine a presenciar la ceremonia de Doctorado de mi mejor amiga de esos tiempos. El cóctel será en el salón de la Facultad y para llegar ahí tenía que pasar por el Internado, aproveché para entrar al baño, y ahora estoy recordando esos cuatro años mientras me lavo las manos y miro el mismo espejo larguísimo sobre los lavabos. Entonces oigo ese sonido ronco y fuerte, como el grito de algo grande y viejo enterrado varios metros abajo, el espejo se mueve frenéticamente y todo se tambalea. Las residentes salen gritan al mismo tiempo y van corriendo por todos los pasillos. Yo sólo me quedo de pie, mirando todo lo que ocurre, cuando el temblor finalmente termina, también salgo. En el jardín delantero todas las residentes se han reunido con el personal, algunas lloran, otras se ríen ya que todo ha pasado. Parece que nadie se pone a pensar en que esta zona no es de temblores, ni de terremotos, yo no digo nada, sé lo que es vivir aquí y ellas no necesitan escuchar mis conclusiones. 

Acabo de darme cuenta de que los sucesos extraños, seguramente con una explicación verosímil detrás de todos ellos, siguen y seguirán ocurriendo. Pido un Uber desde mi celular, lo espero en el viejo columpio que, a pesar de las lluvias torrenciales que suele haber aquí, sigue sin rastros de óxido. El Uber llega a los 15 minutos, y en poco más de una hora me encuentro en el aeropuerto, no subo la cortina de la ventanilla durante todo el vuelo.

viernes, 12 de mayo de 2017

1999


Son las 5:30 A.M. escucho los pasos de mi madre acercarse a la puerta, la abre, prende la luz del cuarto y me dice que es hora de levantarme. Yo ya estoy despierta desde hace horas, siempre he tenido insomnio y mi madre nunca se ha enterado, yo culpo al ruido de los grillos, siempre hay grillos, demasiados. He pasado casi toda la noche escuchando la radio a escondidas. Me levanto muy cansada y hago lo que me toca: tender la cama, bañarme, desayunar, caminar hacia la avenida y tomar el trolebús.

En el Colegio me topo con el chico que me gusta pero no lo saludo porque soy demasiado tímida, sin embargo siempre me siento cerca de él.  Me gusta porque es muy tranquilo, lo conozco desde 4to año de Primaria y nunca lo he visto enojarse, también me gusta porque es el único que puede competir conmigo en calificaciones.

Tengo la certeza de caerle mal a gran parte de mi grupo especialmente por no apoyar las ideas que tienen para los días especiales: venir en pijama, intercambio de boxers, intercambio de tazas, intercambio de almohadas, rentar una película, etc. pero es que yo prefiero salir temprano que hacer todas esas actividades, como sé que no soy del agrado de la mayoría procuro estar callada. La verdad es que la Secundaria no me gusta: no me gustan los maestros y sus sermones, no me gustan mis compañeros y sus pláticas sexuales, no me gustan los chismes de las chicas. Aún no sé qué significa la palabra misantropía pero con el tiempo lo haré.

Entra un chico nuevo, no sé cómo se volvió mi amigo ya que él es muy popular: muchas quieren salir con él y todos lo quieren en su equipo de futbol o basquet. Siempre estamos riendo: de las historias locas que cuenta la maestra de Religión, en la clase de Arte hasta que la maestra nos separa, en los honores a la bandera hasta que castigan a alguno de los dos parándolo frente a todo el Colegio. Muchos creen que me gusta, pero no es así, es mi mejor amigo porque a él no le molesta lo que digo, además los dos vemos Dragon Ball y Le Temes a la Oscuridad, nadie más sabe que vemos esas cosas de niños. Nos hemos escapado para ir al cine, vamos al otro lado de la ciudad pero alguien le dijo al director y cuando volvemos al Colegio nuestros padres y el director nos están esperando. Sabemos que la que nos delató es una compañera que está enamorada de él, creemos que lo hizo por celos.
Varios compañeros se ponen de acuerdo para ir a la pista de hielo, mi mejor amigo me invita y yo sólo acepto porque va el chico que me gusta. Logro platicar con él, es muy amable y patinamos juntos. Pero en algún momento, termino pensando que preferiría estar en mi casa. No me siento cómoda con tantas personas y no puedo seguir las pláticas en grupo porque yo no tengo MTV, ni internet y casi no veo películas. A pesar de eso mi amigo no se avergüenza de mí y me acompaña a casa.

Mi amigo se muda de ciudad y yo me quedo sola otra vez. Pero parece ser que todo va mejorando: el chico que me gusta me habla por teléfono varias veces a la semana y comienza a sentarse junto a mí.  También me eligen para ir al concurso de Ortografía. El día del concurso es el mismo día que mi salón va al Museo de Cera pero no me interesa, ya conozco el museo y estoy más entusiasmada por el concurso. Esa tarde alguien me habla por teléfono para decirme que el chico que me gusta se besó con la misma compañera que nos delató a mi mejor amigo y a mí cuando fuimos al cine. Y entonces me doy cuenta de que nada va bien como yo creía.

Siento que los odio a todos: Lo odio a él ¿por qué me habla por teléfono, se sienta junto a mí y me da una tarjeta en mi cumpleaños para luego irse a besar con otra el único día que yo no estoy ahí? Odio a la compañera con quién se besó ¿Por qué siempre se anda inmiscuyendo en mis asuntos? Odio a todo mi grupo de adolescentes calientes que sólo hablan de Matrix, de Austin Powers, de Back Street Boys y de Britney Spears, que sólo piensan toquetearse después de la clase de Educación Física, que sólo hablan de sus patinetas, de brake dance, de maquillaje y de revistas.


Los siguientes días evito al chico, finalmente, en la clase de Mecanografía se sienta junto a mí y me pregunta algo, yo no le contesto y me cambio de lugar, él no vuelve a intentarlo. Dejo de hablar no sólo con él, sino con todos. Afortunadamente faltan tres días para que termine el ciclo escolar. No asisto a la graduación, nadie pregunta por mí y yo tampoco vuelvo a saber nada de ellos. 

miércoles, 3 de mayo de 2017

LAS CAMINATAS DE LA DERROTA


Supongo que para cada ser humano hay un cierto momento específico en el que se tiene la certeza de que se es una pequeña mota de polvo en medio de un interminable desierto (polvo de huesos o polvo de estrellas, pero polvo al fin). Un momento determinado en el que no se es importante, ni inteligente, ni exitoso, ni nada.

Algunas personas quizá se dan cuenta mientras están encerradas en su cuarto después de un mal día, un mal mes, o varios malos años. Otras tal vez lo saben al observar el bar anónimo donde se encuentran, con gente desconocida y sin recordar cómo llegaron ahí. Algunas otras posiblemente lo entienden al estar llenando solicitudes de empleo en un parque público… No lo sé, hay tantos momentos y lugares dónde se puede tener conciencia de nuestra insignificancia.

Personalmente esos momentos han sido caminando. Instantes de meditación y humildad, tiempos de verdades. Ocasiones inolvidables y decisivas, porque saberme intrascendente es el principio, al menos para mí, de conocerme humana, muy humana otra vez.

El primero fue a los 14 años, me enteré de que fui  la única del salón que no fui invitada a una tardeada para celebrar el día del estudiante y por primera vez me di cuenta, conscientemente, de que era rechazada socialmente (y con muy justas razones, ahora lo sé). Para rematar había fracasado rotundamente en el recital. Yo estudiaba piano y era bastante incompetente, llevaba estudiando más años que muchos otros pero seguía con piezas de principiante. El minuet (en una versión sumamente sencilla) me salía mediocre en casa, pero a la hora de presentarla en público los nervios me ganaron y fui la única que cometió errores garrafales, tuve que empezar tres veces y aún así lo único que logré sacar de las teclas fueron cacofonías. Cuando terminé me incliné sin mirar al público y salí de la sala lo más rápido que pude, en la calle me di cuenta de que había perdido mi dinero. Así que regresé caminando a mi casa, en ese entonces la ciudad no era tan peligrosa (o al menos eso creíamos) caminé tres horas, los pies me dolían, pero la caminata me llevó a esa gran iluminación: “Soy una pedante que se cree única y especial, muy interesada en mostrarle a todos lo diferente y excepcional que soy en vez de aceptar que soy tan tonta como todos los demás, mientras siga creyendo que soy superior no voy a tener amigos.” Las ampollas en los pies me duraron semanas, pero el dolor me hacía recordar la caminata. Después de eso comencé a hacer algunas amistades.

La segunda caminata del desengaño fue a los 17, mi primer novio había terminado conmigo, tenía dinero para tomar un taxi, pero me sentía tan mal y estaba llorando tanto, que mejor me fui caminando hasta casa. Las reflexiones entonces fueron más “filosóficas” me preguntaba si así era el amor siempre, si era normal que doliera tanto, si alguna vez iba a olvidar. Esa vez realmente sentí que nada en la vida era digno de ser experimentado. No creo que haber aprendido nada de esa caminata, pero no sería la última.

La siguiente caminata fue después de enterarme que estaba embarazada. Esa vez llovía, esperaba mojarme y enfermarme gravemente de algo que no tuviera cura y así morirme. Y seguí caminando, en esa ocasión no pensaba llegar a ningún lado, sólo pensaba en el futuro y éste no se veía nada agradable. Lo más difícil sería decírselo a mis padres, yo quería abortar, pero sabía que no me apoyarían y no me atrevía a hacerlo de forma clandestina. Entonces no había Facebook y el My Space no estaba tan lleno de organizaciones e información como ahora es posible encontrar en las redes. Finalmente llegué a un sembradío de naranjas, a un lado de la carretera y ahí me senté en el suelo “ojalá que me enferme de algo que no sea curable y me muera”, es lo único que pensaba mientras seguía mojándome.

La siguiente caminata fue después que me despidieron de mi primer trabajo. Yo trabajaba como empleada en la isla de una Plaza vendiendo bolsas. Tuve un descuido y alguien logró romper la cerradura de una de las vitrinas, no lograron robar nada, pero en el video aparecía cómo lo hacían mientras yo estaba mostrándole la mercancía a la acompañante del sujeto. Al día siguiente me deberían pagar la semana, pero no me dieron nada a cobro de la cerradura rota. Una vez más no tenía dinero y no estaba lista para decirle a nadie que me habían despedido y que fueran por mí, así que me fui caminando. Entonces mis pensamientos eran los siguientes: “¡Vaya que crecí en una vida privilegiada de clase media! Siempre hubo dinero para luz, teléfono, internet, cable… Qué difícil es el mundo real, el mundo de adulta, con renta que pagar, guardería, leche especial, pañales, qué difícil es llegar a tu domicilio sin carro. Todo era muy simple cuando sólo tenía que ir a la escuela y tener buenas calificaciones”.

La última caminata fue la más difícil y de la que más aprendí… Fue la caminata en la que me dije a mí misma que no iba a permitir que él me volviera a golpear, que no quería vivir con él, ni hacer una vida con él, no quería tener un hijo suyo (ya había tenido un hijo no quería tener ni uno más y menos de él), que no iba permitir que él me alejara de mi hijo, que no importaba cuánto me persiguiera o tener que regresar con mis padres y contarles, no iba a volver con él, no esta vez. Estaba enojada por todas las vejaciones, avergonzada conmigo mismo por haberlas permitido, derrotada. Llegué a la casa de mis padres y mi niño abrió la puerta, lo abracé y cumplí la promesa que me hice.


Y pensar que todavía me faltan muchas caminatas más para no olvidar que soy un pedazo diminuto de ceniza, una roca como otras tantas, nada especial, nada diferente, humana, muy humana, como todos los demás.

martes, 11 de abril de 2017

DANDO FORMA AL CAOS


Justo en este momento de mi vida he llegado a la conclusión de que la espontaneidad, la inspiración y la creatividad están sobrevaluadas. Hasta hace un año siempre había tomado decisiones instantáneas, nunca planificaba nada, no tenía método y me había “dejado llevar” por la vida, en vez de tomar las riendas.

Con tanta espontaneidad, inspiración y creatividad he vivido situaciones muy variadas, en muy diversos lugares y con gente muy diferente, pero nada más. Hace un año, después de verme involucrada en varias situaciones desagradables, me dije:  Ya, ya basta, mi vida es un desbarajuste, es hora de hacer cambios y cambios en serio. 

Y por fin, después de un año, aproximadamente, he tomado el control de al menos, algunas situaciones en mi vida: Mi entorno social, la educación de mi hijo, mi espacio (casa, cuarto, cosas), mi salud y algunas metas (que habían rondado en mi cabeza por lustros pero nunca las había llevado a cabo.

Mi mejor amiga me comentó sobre el minimalismo como estilo de vida, principalmente por lo práctico y comencé de lo más fácil a lo más difícil.

1.       Mi closet: Me deshice del  70% de la ropa de mi closet utilizando el concepto de “si no lo he usado en un dos años, no lo voy a usar nunca”. Fue algo drástico, pero me redujo mi estrés diario de inmediato. El encontrar qué ponerme dejó de ser problema, ya que me quedé con muy pocas prendas, todas básicas y de colores lisos combinables entre sí.





2.       Mi cuarto: En esta parte pude ver directamente lo enmarañada que ha sido mi vida durante años, encontré: trabajos de la universidad, cuadernos de la prepa, medicinas caducadas, recipientes vacíos de todo, papeles, cosas que no reconocí, etc. Fue la primera vez en mi vida que supe con total certeza qué es lo que había en mi tocador.



3.       Cosas de mi hijo: Ropa, juguetes, libros de colorear, etc. todas cosas que ha dejado de usar hace años o que nunca usó, llegué a encontrar cosas en su empaque, sin abrir, totalmente nuevas. Doné todo y me quedé sólo con lo que él realmente utiliza.



4.       Personas: Primeramente terminé con todas las supuestas amistades que no me estaban dando nada bueno ¿Para qué seguir siendo amiga de gente que no me aporta?.... Continué con mi Facebook, borré a todas las personas con las que nunca interactúo y sólo tenía por tener;  después borré a la gente que me molestaba: machos progres, gente que anda desinformando (anti vacunas, conspiranoicos, etc.) Y finalmente bloqueé a muchos conocidos que me alteraban de cualquier forma: gente stalker, gente enfadosa (estar chingando diario por mensajes cuando estoy ocupada),  gente mártir, gente incongruente (no tengo por qué andar instruyendo a nadie que no sea mi hijo o mis alumnos), etc.
El deshacerme de todo esto fue sólo el comienzo, ahora tenía espacio y lo que siguió fue encontrar un lugar para cada cosa, incluyendo lo emocional, y ésta segunda parte fue más difícil y más tardada.


1.       Cosas: En este momento sé perfectamente qué es lo que tengo y dónde lo tengo. No puedo creerlo ya que jamás en toda mi vida había sabido algo así.



2.       Personas: Aprendí a separar mis relaciones y ha sido algo muy sano: Conocid@s de la red, Conocid@s en general, amig@s superficiales, amig@s reales e íntimos. Obviamente la separación es flexible y mucha gente puede saltar de un lado a otro, pero esas pocas personas que se quedaron, incluyendo a las relaciones más superficiales, se quedaron porque me están aportando algo bueno y se los agradezco.



3.       Prioridades: Hay cosas sobre las que no tengo control y con los años las he aceptado, pero hay cosas sobre la que sí lo tengo, y es aquí dónde me puse a trabajar duro: La educación de mi hijo, mis metas y mi rutina diaria. Para conseguirlo tuve que ayudarme de Horarios, Bullet Journal, obligarme a ir contra mis tendencias valemadres y ha funcionado.

Con muchos esfuerzos, recaídas, varios métodos, muchos adioses y  cambios he tenido resultados. Aún no he logrado todo lo que quisiera, pero he avanzado mucho: Logré implementarle a mi hijo una rutina diaria que es básica para poder sobrellevar su TDAH, igualmente conseguí efectuar hábitos de estudio lo que se ha reflejado en sus calificaciones, debido a ésto nuestra vida es mucho más tranquila y hemos logrado acercarnos más emocionalmente.







En plano personal mi espacio y mi diario vivir se han vuelto tranquilos y sin carreras locas ni olvidos garrafales, he comenzado a lograr algunas pequeñas metas personales que nunca había conseguido: plan de lecturas, limpieza y orden en mi espacio, mantener activo mi blog, algunos hobbies, etc. El caos no se ha ido por completo, pero ha disminuido notoriamente y seguirá.