sábado, 15 de agosto de 2015

Cuento de la vida real

Ya estoy en Guadalajara, el clima es como lo recordaba: cálido pero con un viento fresco. Vivo justo al otro extremo del que solía vivir cuando niña y adolescente, por lo que para mí todo es nuevo. El haber vivido y conocer bien el otro lado de la ciudad hace que tenga problemas para ubicarme, ya que todos los lugares conocidos: el Centro, el Estadio, las Plazas... yo los imagino "al revés"... al menos hoy logré caminar varias cuadras sin perderme y también conseguí identificar las dos avenidas más cercanas a mi casa.

Todo parece muy irreal, pero es mi realidad. Siempre quise vivir en una casa vieja, con muebles viejos, y ahora aquí estoy, tal y como lo había imaginado y quizá aún más VINTAGE. Las lozetas del baño son azul cielo artificial, el lavabo es de esos hondos, cada que paso junto al baño y lo veo no puedo dejar de imaginarme posibles hipótesis para que los lavabos antes fueran tan profundos, pero ninguna me convence. La pintura de mi recámara está descarapela, todo huele a madera antigua y me gusta ese olor, el color de la pared es salmón pálido (claro, tenía que ser salmón, eso también es viejo). 

Llevo cuatro días aquí enviando currículos y solicitudes, tengo que encontrar empleo, soy de esa generación nacida a finales y principios de los noventas, que ahora rondan los 30 años y a quiénes nos ha costado mucho crecer, madurar y salir de la casa de nuestros padres... tengo que conseguirlo. Ayer tomé una decisión importante, una decisión que no les gustará a mis padres, pero precisamente por eso estoy aquí, porque estoy cansada de tener que lidiar (para bien o para mal) con la opinión de mis padres. Bueno, la gran decisión es que me quedaré, aunque no encuentre el trabajo en docencia por el que decidí venirme, me quedaré.... Tengo que hacerlo, sé que debo hacerlo, todo lo que veo y escucho me parecen señales. Ya tengo 30 años, ya es hora de partir y no volver. Así que me quedaré aunque tenga que conseguir otro tipo de trabajo. Un trabajo nada glamouroso, yo no tengo problemas con eso, lo único que quiero es cortar el cordón umbilical con mis padres y empezar a hacer las cosas sola. He llevado solicitudes a lavanderías, librerías y tiendas que quedan cerca de mi casa, lo único que busco es que el horario sea bueno para poder atender a mi hijo.

Hoy, después de enviar las últimas solicitudes me dediqué a limpiar la sala, el comedor, y ese baño de tonos celestes... pensé que podría abarcar más, mi cuarto por ejemplo, pero estaba tan lleno de polvo que sólo pude limpiar esas secciones, mañana limpiaré a fondo mi cuarto, quiero inclusive lavar las cortinas.... Hay algo que no mencioné de mi cuarto: En mi pared hay una pintura de la cara de una mujer, sin cuello, sin cabello, sólo el rostro y ésta pintura se refleja en el espejo... a pesar de que es algo muy extravagante y hasta tenebroso, no me da miedo, y podría decir que esa pintura es lo menos interesante de este cuarto, me parece más interesante por ejemplo: la luna del tocador, que es muy antigua, el closet que es un dechado de ingenio rápido, e inclusive las cortinas que quiero lavar.

Quiero comenzar a ver este lugar como mi hogar, porque así será, pero todavía se me dificulta, aún tengo incertidumbre... El día que me llamen para alguna entrevista quizá comience a verlo como algo real, sí real. Verdaderamente me quedaré a vivir en esta ciudad, realmente me estaré valiendo por mi misma, realmente empezaré a tomar el control de mi vida... mientras tanto miro el techo descarapelado y sin proponérmelo le encuentro diversas formas a esos garabatos totalmente azarosos que el tiempo ha ido dibujando.


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