lunes, 30 de mayo de 2016

Dios l@s hace y ell@s se juntan

Siempre me ha parecido normal que l@s human@s busquemos personas similares a nosotr@s para sentirnos cómod@s. Es cierto que las personas con diferentes puntos de vista enriquecen nuestras vida (o recalcan nuestras propias ideas cuando no hay suficientes argumentos o pruebas) esta similitud puede referirse a diferentes cosas: cultura, gustos, valores, etc. Si bien es cierto que siempre tendremos que convivir con gente que no coincide absolutamente en nada con nosotr@s, también es cierto que en el ámbito personal e íntimo podemos elegir y filtrar con quién queremos estar.

Estudié en una universidad donde la mayor parte de los estudiantes eran del sur del país. No conseguí adaptarme a su forma de ver la vida, pero tuvimos que tolerarnos. Era muy evidente que las personas del norte formábamos nuestro grupo y las personas del sur, el suyo. Lo único que tenía en común con mis amigas de Sinaloa, Sonora, Chihuahua, Monterrey, etc. era esa cuestión cultural y nada más: Todas éramos gritonas, claridosas al hablar, nos gustaban comidas similares, escuchábamos la misma música. Cuando terminó esa etapa las similitudes con ellas desaparecieron. Veía sus vidas en las redes sociales y me preguntaba cómo habíamos sido tan unidas si no teníamos nada en común. Ahora lo sé, la cultura. Supongo que con las personas que viajan al extranjero sucede algo similar. Con los años fui eliminando a todas esas personas en las que sólo coincidí culturalmente alguna vez en ese contexto específico.

Otra similitud que yo veo entre personas es la que se da por gustos y hobbies similares. Cuando viví en Monterrey pasó algo muy especial para mí. Trabajé en una librería donde la mayoría de mis compañeros habían estudiado artes: teatro, música, literatura, artes plásticas, etc. Para mí era maravilloso hablar de libros, exposiciones y películas con prácticamente cualquiera de mis compañeros. Nos gustaba ir a los mismos restaurantes, bares, exposiciones, eventos, etc. Fue un ambiente en el que me sentí muy cómoda. En esa época conocí a mi mejor amiga y personas que aprecio mucho hasta la fecha. Tengo agregadas a 8 personas de ese tiempo y aunque no soy íntima de todas, me agrada saber de su vida y ahí se quedarán (contrario a lo que me pasó con mis amigas de la universidad). Aunque las similitudes en gustos y hobbies es más profunda que la cultural, para mí no es la definitiva para considerar a a alguien íntimo e indispensable en mi vida.

Pienso que la similitud más importante y profunda para mí es la que se da en la tabla de valores personales. En retrospectiva me doy cuenta de que eso es lo que pasó en la relación con el padre de mi hijo. Ambos teníamos una cultura similar y algunos hobbies similares pero nuestra tabla de valores era muy diferente. Todos los humanos le damos importancia y prioridad a valores diferentes: sinceridad, justicia, amistad, compañerismo, etc. Y en mi experiencia personal ésto es lo que define realmente quién será  mi amig@ por años y años y quién no. Con el tiempo mi filtro se ha hecho más selectivo y por lo tanto mi círculo social cercano se ha disminuido (y seguirá, al parecer). Los valores que busco tener en común con mis amistades son: Personas que buscan justicia (en plano personal y en comunidad), personas que defienden los derechos humanos y ésto abarca muchas cosas y causas: feministas, anti discriminatorias, pro decisión en el aborto, pro diversidad, etc. y finalmente, una muy importante y que descubrí por una situación hace poco: personas con tendencias a ser sinceras, sin caretas. Si alguien cercano a mí  no es capaz de responderme sinceramente y de frente a preguntas directas que nos incumban, si suelen decir una cosa y hacer otra, si tienen una cara pública que difiere totalmente de la privada  éstas son personas non gratas en mi círculo de amigos.

Acabo de pasar por una situación social en la que coincidía en hobbies y yo pensaba que en valores también, pero al final fue evidente que no. Esas personas ponían la paz y tranquilidad por encima de la verdad. Y pues no hay nada qué hacer. No estoy dispuesta a sacrificar la verdad por la convivencia. Supongo que ésto me lo dejó mi familia, dónde decirnos lo que pensamos los unos de los otros ha sido prioritario antes que mantener la calma. Pero si se proviene de familias dónde se guardan secretos y no se habla de temas para conservar la tranquilidad no se puede esperar que se entienda ésto. Así como yo tampoco entiendo por qué alguien preferiría mentir y que le mientan por mantener la cordialidad. Es decir en mi mente no cabe eso de "yo me hago pendej@ con tus cosas y tú te haces pendej@ con las mías". No firmo ni firmaré esos contratos.

Considero que es sano ir reescribiendo tus valores, profundizándolos o dándoles un enfoque diferente, yo misma tuve que replantearme mi idea sobre la libertad sexual hace muy poco tiempo y por una situación en que una persona inocente salió lastimadas por mis actos. Lo que no me parece correcto es ir aparentando portar banderas que realmente no sigues, no estoy de acuerdo y nunca aceptaré actitudes manipuladoras y por debajo del agua, nunca podré convivir con personas que creen que lo más importante es su imagen social y lo que los demás opinen de ellas.

Fue sorpresivo, realmente yo tenía una idea totalmente diferente de lo que eran las cosas. Fue estresante, pero finalmente fue liberador. Después de ésto se me acabó el ser abierta a la primera, me he vuelto una persona totalmente desconfiada. Ya no creo en nada que ven mis ojos, me espero a observar actitudes. Es algo triste estar a la defensiva todo el  tiempo, pero más vale eso a volver a creer cosas que no son. Por otro lado he reafirmado amistades con personas que tienen valores similares a los míos, personas que sí son de confianza y personas con las que aún puedo recorrer la vida.

No todos tienen que estar de acuerdo con nuestros propios valores personales, pero sí  podemos ser cuidados@s y selectiv@s al escoger a las personas que están a nuestro lado.


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