lunes, 3 de octubre de 2016

Despacho


¿En qué momento comenzó a aceptar horas extras en el trabajo? Gracias a eso le habían subido el sueldo y cuando menos lo imaginó se había convertido en la mano derecha del Director Administrativo. Su estilo de vida se había elevado, podía costearse un auto nuevo, un lindo apartamento en una zona exclusiva de la ciudad y pagar un gimnasio caro, aunque le quedaba poco tiempo para disfrutar de todas esas ventajas. 

Era una noche de viernes justo a las 08:00 de la noche, y mientras la mitad de los dependientes se encontraban en algún bar de la ciudad con amistades, él estaba arreglando pendientes que tenían que estar listos el lunes en la mañana.

En la pared, a la izquierda, justo a la altura de su cara, se encontraba el monitor con las imágenes de las diferentes cámaras, todo lo que pasaba en el edificio quedaba registrado. Él solía ver la pantalla por algunos segundos, de cuando en cuando.

La oficina del Director quedaba justo frente a la suya, las dos eran del mismo tamaño y las grandes puertas de cristal permitían que se viera que es lo que pasaba en ambas. Por supuesto tenía las llaves de todas partes y con ellas abrió la de archivo, la de la asistente (a un lado de la suya), la oficina directiva y la propia.

¿Realmente valía la pena todo el tiempo que le dedicaba al trabajo? Su vida amorosa los últimos años era una antología de rupturas que terminaban en lágrimas o gritos porque él no había dado a la relación el tiempo e importancia necesarias.

Se movía fluidamente por todas las piezas, sabía perfectamente dónde buscar en cada espacio. Una vez encontrados los archivos se sentó en su escritorio a escanear y enviar lo que debía ser mandado. Cada que levantaba la mirada podía ver las cuatro oficinas en el monitor: la de jefe, la de archivo, la de la asistente y la suya. Continuó trabajando, redactando interminables textos legales.

¿Cuándo había sido la última vez que pasó más de tres horas tranquilo conversando en un café? ¿Cuándo había sido la última vez que había visitado a sus padres?

Al terminar con las carpetas las llevaba a su respectivo sitio, y así continuó por algunas horas más, entrando y saliendo de las distintas oficinas. Cuando estaba por terminar miró el monitor y le pareció ver la figura de un hombre que salía de archivo y entraba a la oficina directiva. Observó la oficina de enfrente a través de su puerta, estaba completamente vacía. Sería el cansancio.

Volvió a levantar la vista hacia la pantalla y ahora vio a un hombre de camisa blanca de espaldas acomodando documentos en la oficina de la asistente que se encontraba justo al lado de la suya, corrió, en cuatro pasos ya se encontraba en ésta, e igualmente estaba sola. Revisó en todas partes y no encontró a nadie. Hizo una llamada a la compañía de las alarmas y seguridad, checaron la grabación de la última media hora y no encontraron nada. Eran las 11:00 de la noche, definitivamente el agotamiento estaba surtiendo efecto, le faltaba poco para terminar. Unas cuantas copias, separar por carpeta y listo.

Mañana iría a entrenar temprano, ya que esa noche el trabajo no se lo había permitido, sería divertido poder ir a correr con algún amigo, en vez de llegar solo al gimnasio todo el tiempo. Pero hacía mucho que no veía a ningún compañero de la universidad, si era sincero hacía mucho que había dejado de tener amigos. El trabajo se había tragado por completo su vida social.

Se sentó a ordenar los últimos documentos en sus respectivas carpetas y entonces le pareció ver un movimiento en las pantallas nuevamente. Una vez más en la oficina directiva, frente a él no se veía nada, pero en el monitor se podía observar claramente un hombre de unos treinta años, vestido pulcramente con camisa blanca, pantalones finos de sastre, corbata de firma y zapatos importados que abría la puerta de la oficina directiva y lo miraba fijamente.

A través del vidrio no se veía a nadie pero en el monitor seguía  distinguiéndose claramente al hombre que  avanzaba de frente y en segundos ya estaba en la puerta de su propia oficina. Su cara le era conocida, se parecía a la que veía todos los días en el espejo al rasurarse, pero con una mirada que denotaba algo maligno. En la pantalla se advirtió cómo abría la puerta. Frente a él la puerta continuaba cerrada y no se observaba a nadie.

El sábado por la mañana el personal de intendencia encontró al mejor abogado del despacho y la mano derecha del Director, suspendido de la puerta de su oficina con su propio cinturón de piel fina. La policía no tuvo que hacer grandes indagaciones, todo estaba grabado: A las 11 de la noche, después de que se fueron los empleados de la empresa de seguridad, el hombre salió de la oficina directiva caminando de frente hacia la suya, abrió su puerta, tomó una silla se subió en ella y se colgó. Se dictaminó que el exceso de trabajo y presión habían sido demasiados y por eso buscó esa salida, su nula vida social lo confirmaban, pero no se encontró ninguna nota suicida.

Todos los pendientes que tenían que presentarse el lunes en la mañana estaban terminados y en perfecto orden sobre su escritorio. 

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