domingo, 23 de octubre de 2016

Nacho Progre o el Insufrible Machista de Izquierda que se cree Feminista

¿Quién es Nacho Progre? Nacho Progre es una caricatura que describe a un espécimen nefasto que, para nuestra desgracia, tod@s conocemos. Lo pueden encontrar en Facebook aquí:NACHO PROGRE. Y todas conocemos un Nacho Progre en nuestra  vida (o muchos, por desgracia). 

Activista, de izquierda, indignado con las injusticias sociales, ferviente seguidor de las causas que defiende a las mujeres y los derechos de los niños, etc. Todo eso por supuesto aderezado con golpear a su pareja, presionarla a tener sexo sin condón, violentar psicológicamente, minimizar, imponer, etc. Igualito que mi ex, el violentador que ahora le da terapia a mujeres violentadas y les cobra $500 pesos por sesión, que denuncia las mentiras de los poderosos del gobierno, pero no tiene ningún empacho en hacerse llamar doctor y usurpar la profesión de Psicología. Aquí toda mi denuncia completa HOY DENUNCIO

No soy la única que los ha sufrido, desgraciadamente abundan. Hoy una amiga compartió un texto maravilloso en Facebook que los describe, que nos insta a denunciarlos, a dejarlos sin su poder y sin su ego.

Es buen ejercicio ¿Tu ex te violentó y se dice feminista? ¿Tu profesor de Universidad que te presentó a las escritoras feministas te acosó? Denuncia, que tod@s se enteren de su Machismo Maquillado.

En amarillo subrayo las mamadas que hacía mi ex el violentador Nacho Progre y en morado subrayo el grito a denunciarlos, ponerles nombre y sacarlos de nuestra vida, de advertirles a todas nuestras conocidas. ¡NO ESTAMOS SOLAS Y TODAS SABRÁN QUIÉNES SON USTEDES, MACHOS DISFRAZADOS DE FEMINISTAS!

FUMIGUEMOS EL NACHISMO: UN LLAMADO A LA RABIA SORORARIA
Por: MALI SOR·SÁBADO, 22 DE OCTUBRE DE 2016

"Me encanta Nacho Progre, lo sigo con fervor, creo que es el personaje que más carcajadas me ha sacado en años. Con frecuencia, cuando muestro algunas de sus publicaciones a mis estudiantes o algún compa, me preguntan si Nacho Progre es tico. Yo respondo que bien podría serlo, aunque su autora es mexicana, yo creo que ese tipejo podría formar su propia internacional. 

Pero a veces cuando me da por tomármelo un poco más en serio, con la seriedad que se merece la violencia, se me quiebra abruptamente la carcajada. El Nachis no es nada inofensivo. Nos da risa porque nos resulta cercano, porque conocemos a algunos Nachos, porque lidiamos con ellos a diario, porque hemos cogido con ellos, y quizás, por desgracia, hasta nos hemos enamorado de ellos.*

*Digo ellos sin afán esencialista. Conozco algunas Nachas Progres también, claro que las hay y es necesario también visibilizarlo. Pero lo cierto es que Nachito representa un arquetipo de masculinidad, izquierdosa, posmo, tóxica como cualquier machismo, aunque se nos presente como light e inofensiva.* 

Cuando vi esta caricatura de Nacho Progre circular en un chat, me mató de la risa. Pensé que era broma, jamás imaginé que un tipo lo había hecho de verdad. Luego leí el testimonio de su expareja, y mi risa se transformo en rabia, en rabia incendiaria. 

Y es así, lamentablemente, todxs conocemos a un Nacho Progre, y lo que es peor, diría que el nachismo existe porque nosotrxs permitimos que exista. Yo no sé qué me preocupa más, el macho violento que golpea, o el nachirulo progre que nos enreda y edulcora su violencia con labia. Al menos al primero podemos detectarlo al instante y reaccionar con contundencia. Pero con Nacho, con los Nachos del mundo, nos tiemblan las manos y las voces para señalarlos, apartarlos y denunciarlos. 

Y aquí están entonces, en nuestras filas, en nuestras fiestas, en nuestras academias, en nuestras asambleas, en nuestras camas, apropiándose de nuestros espacios, acaparando la palabra, teorizando sobre nuestras opresiones, explicándonos cómo debemos organizar nuestras resistencias, asechando nuevas víctimas, perfeccionando sus estrategias de seducción. Y nosotras, nosotrxs, permitiéndoles eso, excusándolos, justificándolos, minimizando su violencia, culpabilizándonos, dudando de nosotrxs mismxs, cediendo, siempre cediéndoles el poder. 

Son como sanguijuelas que alimentan sus egos, su poder y su sexappeal feministo a costa de succionarnos la paz, la voz o el clítoris. Violentos, seductoramente violentos, sutilmente agresores. Todxs conocemos a alguno, todxs alimentamos a alguno con nuestro cuerpo o con nuestro silencio. 

El compa con el que tocó compartir colchoneta, que aprovecha la oscuridad, el sueño y el estado de relajación que induce la borrachera para meter su mano dentro de tu pantalón. El que “se olvida” de llevar condón, pero te dice que no importa porque tiene guardado en sus contactos frecuentes el número de la compa feminista que consigue anticoncepción de emergencia. El catedrático que acumula más denuncias por hostigamiento que publicaciones indexadas. El profe guapo que se coge a su asistente, a la que cambia cada semestre para no aburrirse o encariñarse. El que aprovecha que te enviajaste esa noche para meterla a pelo a pesar de que mil veces le has pedido que use condón. El director de teatro que le sugiere a las actrices que ensayen sin camisa porque así se aprecia mejor su expresión corporal. El trotsko que le cede el megáfono a su compañera, siempre subalterna, pero le habla al oído porque ella necesita que le expliquen qué decir. El anarquista que se siente violentado con siquiera la idea de dialogar los acuerdos de la relación. El presidente del partido que esconde las denuncias de agresión de sus pupilos. El gay que quiere ir al frente de la marcha de mujeres. El dirigente que no paga la pensión alimenticia. El abolicionista que jamás cometería el pecado capitalista de pagar por sexo, pero se encarga de mantener la mesa repleta de cervezas para que sus sedientas compañeras aflojen las tensiones. El bombeta que habla frente a las cámaras en la marcha de las putas. El que acapara el micrófono. El que se empeña en explicarnos lo que Butler dicta. El que pulsea siempre tríos con parejas de lesbianas. El que se cree lesbiano. El que habla a borbotones de su deconstrucción y su esfuerzo por construirse una masculinidad alternativa. Ese mismo que trata de convencerte de no usar condón porque al pobre le apretan, le incomodan y no siente tan rico. No te apreta el pene, idiota, te apreta el ego, el privilegio masculino y tu masculinidad tóxica. Te aseguro que la incomodidad del condón en tu pichirula, no se compara con la incómoda y nada rica experiencia de abortar. 

Aunque se vista de feministo, macho se queda.

¿Hasta cuándo? Estos tipejos nos están robando hasta las luchas más nuestras, y en sus discursos llenos de palabras bonitas como autonomía, resistencia y emancipación, nos vamos enredando y terminamos siendo víctimas y a la vez cómplices de su constante agresión. 

Víctimas, porque caemos a pesar de la intuición inicial, porque cedemos a pesar del instinto, y terminamos bajando la guardia, complaciéndolos, exponiéndonos, dejándolos que nos roben la paz y el corazón. 

Y cómplices, porque aun cuando logramos salirnos de sus redes, a veces peligrosamente drenadas, con varios kilos menos y la mirada apagada, sufrimos a solas, en silencio. Y entiendo, muchas veces nos gana la culpa, la culpa de haber caído a pesar de todas las señales de advertencia. Nos sentimos idiotas, porque en eso los Nachos son expertos: nos empujan a la autodestrucción. Nos da vergüenza, y más vergüenza aún cuando reconocemos que una parte muy autodestructiva de nuestro ser todavía siente cariño por aquel, y nos odiamos por eso. En eso los Nachos son expertos: neutralizan a las mujeres más bravas y valientes. 

A eso nos empujan. Silencio, incomunicación y sabotaje del aprendizaje vicario. Porque entonces, cuando alguna se atreve a hablar, casi siempre con un círculo pequeño de amigas, y cuenta la historia para sanar sus heridas pero también por si puede evitar que alguna otra las sufra, nos cuesta escuchar, nos cuesta creer, nos cuesta entender. A pesar de la claridad del relato que escuchamos nos sorprendemos pensando cosas como: “Es un patán, lo sé, pero bueno yo no busco vincularme, después de todo yo también quiero solo sexo”.

Pero nunca es “solo sexo”. Terminamos reforzando su conducta, enviando el mensaje equivocado: que pueden seguir haciendo mierda a otras chicas, porque igual no es asunto nuestro, sabemos separar las cosas. Las cosas no son separables, y la violencia, también la nachista, es siempre nuestro asunto. ¡Si tocan a una, reaccionamos todxs! El silencio nos hace cómplices, coger con ellos también. 

Alerta que camina la rabia feminista por América Latina 

“Acumulen rabia”, gritaba un muro francés en mayo del 68. Acumulémosla, pues, pero no la acumulemos en el cuerpo, que suficiente mierda ya nos ha tirado encima el patriarcado. Acumulemos rabia pero no en soledad, saquémosla, vomitémosla, potenciémosla. Contra el sufrimiento individual ante la violencia nachi-patriarcal, llamemos a la rabia colectiva que haga a los Nachos temblar. 

Rabia feminista, sororaria. Dicen que nadie aprende en cabeza ajena y yo creo que en parte es cierto y en parte no. También aprendemos con nuestras compas, aprendemos de sus caídas cuando entre todxs nos ayudamos a levantarnos. Aprendemos de sus historias, y aunque una advertencia no le salva la vida a nadie, vamos aprendiendo a detectar cada vez más rápido el camino de la agresión.

Rompamos el silencio. Dejemos caer la vergüenza. Contemos nuestras historias. Señalemos a los Nachos Progres y nombremos las cosas por sus nombres. Hablemos de violencia. Hablemos de humillación. Hablemos de engaño. Hablemos de instrumentalización. Hablemos de manipulación y chantaje emocional. Hablemos de abuso. Hablemos de violaciones

Pongámosle a las cosas el nombre que se merecen y señalemos a los responsables. Encarémoslos. Digámosles lo que pensamos. Que está muy mal aprovecharse de las borracheras de las compas, que no vamos a tolerar que usés la seducción como herramienta de reclutamiento político, que no queremos cubrir más tus mentiras frente a las chicas, que autonomía no es sinónimo de hacer lo que te da la gana, que no está bien usar el aula para seducir carajillas, que nuestras organizaciones no son burdeles gratuitos, que no te vuelvo a conseguir a ver si por fin aprendés a ponerte un cochino condón, que NO es NO y aplica igual para los feministos. 

No más. Frenemos el nachismo en nuestros espacios y en nuestros cuerpos. Extirpemos estas sanguijuelas, que no chupen un segundo más nuestra energía. Los Nachos Progres existen porque dejamos que existan. Todo su poder se lo hemos alimentado nosotrxs, y así nosotrxs podemos también arrebatárselos. 

Hagamos de nuestros cuerpos verdaderas trincheras, que nuestra sexualidad también es política y la afectividad es un campo de resistencia. Proclamemos nuestros cuerpos liberados de violencias. Señalémoslos, nombrémoslos, encarémoslos, dejemos de perdonarles sus mierdas. Denunciémoslos, dejemos de invitarlos a nuestras fiestas, dejemos de compartir mesa con ellos, no aceptemos sus cervezas, no les pasemos la tocola, no perreemos más con ellos, no creamos sus mentiras, sus lamentos, sus explicaciones sinuosas e hiper racionales. Potenciemos el poder de nuestros cuerpos. ¡Feministas en huelga de sexo! Dejemos de ceder ante su insistencia, dejemos de abrirles la puerta, la alcoba, las piernas, dejemos de coger con estos machirulos de izquierda. Vulvas libres de nachismo, machirulos temblando en síndorme de abstinencia de sexo y de ego. Que se jodan solos, que lloren con su semen en el inodoro, que es allí y no dentro nuestro donde merece estar. ¡Picha violadora, a la licuadora! ¡Picha del nachismo, desterrada al onanismo!".

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