lunes, 14 de noviembre de 2016

Jornada

Limpia el óxido que queda en la piel interna de tus labios
cada que sonríes falsamente.

Vete corriendo al cerro, salta víboras, cactus y llega a la cima,
grita fuerte, desgárrate la garganta que finge una suave voz  seis días a la semana,
berrea estruendosamente: "¡Chinga tu madre!"

Regresa ronca, sudada, caminando... llega a los nuevos fraccionamientos:
los aburridos, los que aparentan minimalismo.
Cruza la avenida, entra a tu casa, báñate, péinate, maquilla tus ojos, que no se vea la furia, retrae las garras, sal disfrazada de homo sapiens.

Sube al transporte, sigue las reglas, baja por la puerta de atrás,
detente en los semáforos, sonríe y agradece cuando un conductor te da el paso
(cómo si fueras privilegiada por no tener que esperar a que el animal de hierro pase primero).

Llega a la colmena, trata de asentir a todo, trata de apagar tu cerebro,
el neo latifundista sabe que no es cierto, tu voz calmada y tus argumentos racionales
sólo sirvieron para levantar sospechas.

¡No estás civilizada! Te gusta la libertad, te odia (tanto como tú a él) ¡Quiere que te vayas, pero por tu propio pie! Porque le gusta mentirse a sí mismo disfrazándose de magnanimidad,
se pone las medias blancas, sonríe, dice sus letanías:
"por favor", "buenos días", "a mí me parece, podría estar equivocado".

Y se cree su propia falacia en el espejo: "buen ciudadano, buena persona, buen padre, buen vecino". Pero es un terrateniente de closet que  sueña con una camilla cargada por esclavos.

El colono interno acaricia el deseo de una alfombra roja cada que abre la puerta,
no puede sustraerse de las leyes, así que fundó su pequeño universo:
manipuló a su estirpe, les enseño a tratarlo como a un rey, en su orbe él es lo más importante.
Te odia porque descubrió que no le crees sus mentiras y porque no le rindes pleitesía.

La comida diaria contra la libertad propia....
Trillada guerra ¿Hasta cuándo te servirán las montañas y los gritos que nadie oye?

Es un placer malvado y oculto, que no habías querido aceptar:
quieres ver cómo se desmorona su cosmos de azúcar.

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