miércoles, 11 de enero de 2017

FALLIDA EXPEDICIÓN AL LAGO


Hoy me despertó el grito del sol de invierno que me advertía que había amanecido una medusa castaña, revuelta y nerviosa sobre mi cabeza. Ni siquiera intenté el martirio de domarla, acaricié sus extremos ondulados y rabiosos y la cubrí con un sombrero.

Mis lentes se aliaron y decidieron romperse la pierna para no trabajar, así que tuve que llenar mis pupilas con el collage de pinos y encinos que iba recogiendo en mi mochila mientras andaba, el botín verde resultó algo borroso y difuso, pero igualmente hermoso.

La caminata duró una hora y media, no encontré el lago y tuve miedo de perderme, así que acumulé uno a uno mis pasos, como la niña que al final de la boda recoge los pétalos de la alfombra.

Llevo una semana alimentando a mis pupilas  con un licuado de hojas, cortezas, estrellas muy nítidas de noche, y a veces algunas colmenas.

¿Si todo es tan bello por qué me siento perdida? ¿Es que me acostumbre, a las calles mal pavimentadas, a los ruidosos ogros sobre el acero, a la gente haciendo fila en el banco?

¿Hasta cuándo aprenderé el idioma de las milpas y en vez de carcajadas amarillas escucharé sus verdaderas sílabas?

Ahora mis caminos son míos, únicamente míos, porque los ando sola…


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