viernes, 10 de noviembre de 2017

LENTO OLVIDAR

Si nos topamos de frente
somos robles inamovibles
que ya no se mirarán a los ojos.

Reprimo mis ganas de abrazarte 
porque conozco demasiado bien 
el sonido metálico de tu rechazo.

Los terceros interpretan en mi gesto desprecio, 
se equivocan, es sólo un dolor constante,
un desconsuelo que fluye en cada cercanía,  
un recuerdo de la ausencia de piel.

Si me alejo y evito todo contacto 
es porque tengo miedo de volver a escuchar 
las palabras negras. 

Evado cualquier cruce de mirada 
y me coloco en la parte más lejana
porque lloro demasiado a solas, 
y no estoy dispuesta a hacerlo en público 
y menos frente al motivo de mi llanto.

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